Crónica de un Embarazo

Como si de un embarazo se tratase, en Santana Golf llegamos al final del verano tras nueve meses de vicisitudes, con la satisfacción del deber cumplido, ese regusto que significa saber que estamos capeando el temporal de la recesión con cierto éxito. Desde el inicio “oficial” de la crisis financiera allá por el mes de agosto de 2008, cuando recordarán empezaron los problemas con el banco del Reino Unido Northern Rock, en Santana Golf hemos mantenido como referencia de culto tres aspectos importantes: los niveles de ocupación, los ingresos y la reputación de la marca; y podemos afirmar con orgullo que hemos conseguido mantener nuestras previsiones en unos niveles razonablemente satisfactorios.

La crisis económica ha golpeado con tal magnitud a los principales emisores de turistas que era casi imposible pensar que nuestra región no se vería afectada por esta situación, al ser un destino principalmente receptor de turismo. Ello, y la irrupción en el panorama de nuevos enclaves como Turquía y otros países del arco mediterráneo, con una oferta de precios mucho más bajos, han propiciado una diáspora de turistas hacia éstos destinos emergentes, haciendo mucho más complicada nuestra tarea de “supervivencia”.

Al dato de la reducción de visitas del exterior, hay que sumar el de la maltrecha economía de nuestro país, circunstancia que se ha visto reflejada en una menor afluencia de golfistas nacionales hacia Andalucía, en comparación con años anteriores, por mucho que los datos oficiales nos quieran hacer ver lo contrario.

Pero en lo que llevamos de año, no sólo hemos tenido que convivir con estos malos indicadores, sino que también ha sido preciso arremangarse para combatir tanto los impactos climatológicos de principios de año, como los efectos de la nube de ceniza, la debilidad de la libra esterlina, y la amenaza de huelga de los controladores aéreos, colectivo que ha estado todo el verano amagando con sumir al país en un caos aeroportuario en plena temporada estival, machacándonos con la cancioncita del verano “Huelga Sí; Huelga No”, lo que ha contribuido a crear un cierto grado de incertidumbre general.

Con este panorama, y mientras la industria sigue inmersa en una guerra de precios sin cuartel para captar clientes, Santana Golf ha sabido sacar lo mejor de sí y hemos mantenido una afluencia consistente de golfistas hacia nuestro campo, a unos precios en línea con la calidad del producto y servicios que ofrecemos, y conservando la imagen de marca de prestigio de los tiempos previos a la crisis. Este es un dato significativo que nos obliga a reflexionar si no es mejor apostar por la calidad que arrojarse alegremente al fango de la mediocridad.

Han sido nueve meses de incertidumbre, de tensión y mucho trabajar, pero el esfuerzo ha valido la pena al final. Como en los embarazos, da igual que sea chica o chaval, lo importante es que de salud ande fenomenal.

Huellas de una Crisis

Se cumplieron los pronósticos y, como era previsible, el primer semestre del año ha mantenido el tono discreto en la ocupación de la mayoría de los campos costasoleños, salvo honrosas excepciones, lo que es un fiel reflejo de la atonía de unos mercados que siguen padeciendo los rigores de la crisis crediticia mundial. Las cifras de actividad de estos primeros meses confirman asimismo el dato irrefutable de la tendencia a la baja en el flujo de turistas procedentes del exterior, una demanda que se ha contraído en exceso y sigue dando aún signos preocupantes de debilidad.

En este sentido, conviene destacar que estos malos resultados del primer entreacto del año no son solo atribuibles a la situación económica, sino que hay que achacarlos también a dos elementos sorpresa con los que nadie contaba y que se suman a la lista de imponderables, como son, de una parte, la mala climatología de principios de año; y de otra, los efectos de la nube de ceniza del volcán islandés de nombre impronunciable. Buena muestra de las secuelas producidas por este último fenómeno es el descenso en las llegadas procedentes del Reino Unido y Alemania, que han sido las más afectadas por el cierre del espacio aéreo de dichos países durante el período de duración de ésta manifestación de la naturaleza, haciendo bueno el refrán que reza “a perro flaco todo se le vuelven pulgas…”

Un dato interesante para el análisis es el que refleja que el mercado que más se ha visto afectado en general por este cúmulo de situaciones es el emisor británico, el cual sufre además de los factores antes mencionados, la debilidad de la libra esterlina al cambio con el euro, si bien en las últimas semanas esta divisa ha dado signos de recuperación y parece acercarse a su valor “real” de cotización, que según indican los expertos es 1,25. Una pequeña bomba de oxígeno que no debe contrariarnos, puesto que, en realidad, la delicada situación financiera actual, junto con los planes de ajuste anunciados por las principales economías europeas - que se van a ver lastradas por las altas tasas de paro y deuda-, contribuirán a mantener el estado de inestabilidad de los mercados, y el turismo es un sector muy vulnerable y extremadamente sensible a los cambios que se generan a su alrededor. Y es que a estas alturas de la película, nadie duda ya que la industria turística mundial no va a recuperarse de hoy para mañana, y que tardará aún unos cuantos años en volver a los niveles de actividad previos a la crisis.

Haciendo una reflexión de piel, queda preguntarnos, ¿hasta qué punto está el ciudadano del primer mundo dispuesto a renunciar a uno de sus principales privilegios, como es el disfrute de sus vacaciones; esas escapadas de algunos días que permiten desconectar y recargar pilas para afrontar los retos de la vida diaria? Un dato a tener en cuenta nos recuerda que el ocio es hoy en día un bien de consumo de primera necesidad, por lo que esa bolsa de demanda retenida está expectante ante cualquier señal positiva en los indicadores económicos. Y que nadie albergue ninguna duda de que, de producirse, generará un rebote importante de los mercados, que han estado castigados durante demasiado tiempo ya.

La Belleza del Desierto

Corren tiempos difíciles en la actualidad para el sector turístico español, que se está viendo azotado por los efectos de la grave situación que atraviesa el contexto económico mundial. Y es que, a pesar de la fortaleza de nuestro país como destino turístico y la vitalidad de nuestra marca, la realidad de los datos evidencia que la grave crisis financiera internacional irremediablemente está pasando factura a todo nuestro sector.

En lo que respecta concretamente al segmento golf, los efectos de esta crisis se manifiestan principalmente en una dramática caída de la demanda, que ha provocado niveles de ocupación bastante preocupantes. Nuestros principales mercados emisores han venido registrando este mal comportamiento de una forma similar, puesto que las secuelas del mal momento económico afecta a todos los países sin excepción, si bien, mención especial merece el rendimiento del mercado británico, que muy castigado por la espectacular devaluación de la Libra Esterlina, ha reducido el número de llegadas a nuestro país con el golf como primera motivación, y ha fijado su mirada en otros lugares como Turquía, un destino que presenta el atractivo del bajo coste como su principal baza. Considerando que el de las Islas Británicas es el principal mercado emisor de golfistas a España, este dato da una idea del impacto que está generando, particularmente en ciertas regiones muy británico-dependientes, como las del arco bajo mediterráneo, especialmente Andalucía.

Otros mercados como el de la región nórdica -muy sensible al precio-, se mantiene constante y fiel a nuestro destino, mientras que el alemán, tradicionalmente muy inestable y susceptible a los grandes cambios, ha registrado un ligero descenso en el número de reservas.

Indudablemente, el goteo incesante de malas noticias relacionadas con la economía, ha impregnando a toda la sociedad de un cierto barniz de pesimismo, y es precisamente este factor de desconfianza e incertidumbre uno de los elementos causantes del descenso en el número de reservas, de forma que debemos achacar al estado psicológico gran parte de culpa del actual escenario económico: la incertidumbre sobre el futuro genera falta de confianza en los ciudadanos que, ante este temor, se retrae en el consumo, lo que genera a su vez un impacto negativo en el desarrollo de la economía y, como consecuencia, provoca la crisis. Es lo que se conoce como la “profecía auto-realizada”: menos confianza = menos consumo = crisis.

A pesar de estos datos, soy de los que opinan que la propuesta turística de nuestro país es lo suficientemente amplia y de calidad como para afrontar el futuro con un relativo optimismo. La demanda de los golfistas europeos en general sigue prevaleciendo hacia los destinos de medio recorrido, y España, además del factor geográfico, ofrece otras importantes ventajas competitivas que nos siguen situando no como una mera alternativa, sino como la primera referencia del mercado de turistas de golf.

Qué tal pues si en estos momentos difíciles apostamos por nosotros y nos empleamos con todas nuestras armas para convertir esta crisis en crisol de oportunidades. Como diría el poeta: “En este ocaso, seamos las antorchas; en esta tempestad, la calma. Levantemos nuestra mirada en busca de estrellas en el cielo; apaguemos las llamas de los malos agoreros arrojando nuestra lluvia de esperanza sobre sus malditos recelos. Y recordemos que lo que más embellece al desierto, es el oasis que esconde en algún lugar incierto…”

¿Fantasía o Realidad?

Si fuese Arturo Pérez Reverte y tuviese que calificar la temporada turística de golf que está a punto de finalizar, la describiría como un año de mierda, que menos mal que ya toca a su fin y que maldito sean los golfistas que han decidido irse a pegar palos a otros destinos en vez de elegir nuestra maravillosa tierra de estupendo clima, exquisita gastronomía y gente hospitalaria.

Pero comoquiera que desgraciadamente no soy el aclamado escritor y articulista, y por lo tanto no me puedo permitir estas licencias, tengo que acudir a palabras más sutiles y menos gruesas para, en verdad, acabar diciendo lo mismo: “El año 2007 ha mantenido el signo a la baja de ejercicios precedentes en cuanto a una clara desaceleración en los flujos de golfistas y refleja la apatía del mercado por nuestro destino, que sigue siendo competitivo, pero debe reorientarse para no seguir perdiendo comba en el contexto internacional. Los datos son malos y esperemos que no marquen tendencia”.

Esta realidad contrasta con el torrente de euforia con que nos sorprendieron los políticos de turno al final del verano, haciéndonos creer que 2007 estaba siendo un año turístico espectacular en todos los órdenes. A este respecto, los lectores de la revista recordarán que esta avalancha de entusiasmo desmedido coincidía en el tiempo con el ejemplar del mes de Septiembre de AG, en el cual el que arriba suscribe dejaba constancia de su preocupación por la situación general del turismo, especialmente en la Costa del Sol. Han transcurrido sólo unos meses desde el final del verano, y es más que evidente que esa borrachera de entusiasmo de la administración no encuentra eco entre los miembros del sector. No es que esté en mi ánimo cuestionar la veracidad de los datos oficiales, pero todos sabemos que las estadísticas pueden tener tantas lecturas como peces hay en el mar, y que depende del grosor de las lentes con que se quieran escrutar. Pero, se mire por donde se mire, la realidad desafía a las estadísticas.

Esta reflexión estaría incompleta si no subrayase que la situación del mercado turístico no es ni mucho menos de crisis, ni siquiera de pre-crisis, pero ello no es óbice para que se ignoren las señales que el mercado nos está enviando y que ya no ocultan un claro enfriamiento en la industria turística; un motivo más que suficiente para la preocupación.

Por ello, debemos instar a nuestros gobernantes a adoptar hábitos de prudencia al pregonar los datos estadísticos y exigir una lectura más profunda y sosegada. Porque, ¿nos hemos preguntado qué datos reales se esconden detrás de las cifras? ¿Hablamos de aumento de turistas o aumento de visitas? ¿Sabemos la diferencia entre una y otra variable? Y más aún, ¿Qué tipología de turismo nos visita? ¿Cuánto es el tiempo de estancia medio? ¿Cuál es su presupuesto de gasto? ¿Dónde y en qué gastan su dinero? ¿Dónde se hospedan, en hoteles, apartamentos de alquiler, viviendas propias, o como ocurre en muchísimos casos, en viviendas alquiladas clandestinamente con el consiguiente perjuicio hacia la industria hotelera? Y abriendo aún más este espacio de análisis, ¿alguien puede asegurar que exista necesariamente una correlación entre el aumento en el número de turistas y un incremento del valor de los ingresos turísticos?

Bajemos pues los decibelios a tanta euforia, pues no necesitamos que nadie venga a contarnos historias y a hacernos ver que todo va de cine y que se están batiendo todos los records habidos y por haber, mientras es más que evidente que el sector turístico en Andalucía, y, particularmente en la Costa del Sol, está sufriendo los rigores de un ciclo a la baja. Es decir, que no necesitamos falsos agoreros ni profetas de medio pelo; que no nos engañen ni nos traten como a memos; que no somos tontos, ni tampoco lelos.

El Principio de una Larga Travesía

Decía Groucho Marx que nunca aceptaría ingresar en un club que lo admitiera como socio del mismo, pero debo admitir que escribir todos los meses una columna en AG, sin imposiciones desde la mesa editorial, tiene un gran atractivo.

Reconozco que mis simpatías por esta publicación vienen de lejos, pues se remonta a aquellos años en que la responsabilidad del negocio se la repartían Antonio Sánchez –el actual editor-, y el siempre querido y recordado Jeff Kelly. Desde sus primeros inicios, siempre me sentí atraído por un sentimiento de afecto hacia este medio y las personas que lo integraban, acaso por su obsesión en seguir una línea editorial alejada de la complacencia y mediocridad, o quizás por mantener un cierto espíritu crítico y de independencia respecto de la industria, dignos de elogio.

Sus innumerables esfuerzos promocionales también me llamaron la atención. Me preguntaba, qué hacía una revista de golf asistiendo a los principales torneos y ferias del mundo. Y la respuesta la hallaba al ver asomar la cabecera de AG bajo el brazo de multitud de asistentes a eventos tan dispares que iban desde el Open Británico a la ITB de Berlín, pasando por el Lancome Trophy de Francia, la feria Fitur de Madrid, el Scandinavian Masters de Suecia, el US Open, y un largo etcétera en el que no podía faltar la gran cita de la Ryder Cup. Y en todos, allí estaba AG promocionando el turismo de nuestra región y ondeando con orgullo indisimulado la bandera de Andalucía a los cuatro vientos.

Fue entonces cuando comprendí que AG era en realidad algo más que una publicación especializada de golf, y es que, su peculiar modo de involucrarse en todas las promociones en las que participa, le convierten, de facto, en una empresa de marketing de primer orden. No es extraño verles en cualquiera de las promociones a las que acude informando sobre las bondades de tal o cual campo de golf, hotel, promoción inmobiliaria u otra actividad turística, independientemente de si se publicitan o no en la revista. A este respecto, siempre alabé la postura de Antonio Sánchez de abordar el aspecto promocional de nuestro sector desde una perspectiva global, sin anteponer intereses privados. O lo que es lo mismo, la necesidad de que todos aportemos nuestro granito de arena al fondo común que conforma la amplia oferta turística de Andalucía, entendiendo que cuanto más vigorosa sea nuestra industria, más nos beneficiaremos todos.

Andalucía Golf cumple en estas fechas 20 años. Y quiero aprovechar ésta efeméride para hacer un reconocimiento a la valiosísima labor que ha venido realizando durante este período de actividad. Cuando apenas han sobrevivido un par de cabeceras dedicadas a nuestro deporte en la región, que una revista especializada haya cumplido dos décadas, es digno de alabanza y admiración, y deseo fervientemente que dure otros tantos años más y que todos estemos para contarlo. Pero, eso sí, conozco bien las tripas del negocio y sólo espero que AG tenga energía para combatir contra algunas de las corrientes del sector.

Desde aquí, les animo a que continúen su encomiable labor de promoción de Andalucía como hasta ahora y que sigan formando parte del ADN de nuestra industria.

Porque 20 años no es más que el principio de una larga travesía. ¡¡¡Feliz Cumpleaños!!!

Brotes Verdes

Se cumplieron las peores previsiones y la anunciada caída del turismo en España durante el primer semestre de 2009 ha servido para acentuar los malos resultados que arrastramos del ejercicio anterior. La Costa del Sol, en concreto, donde el sector servicios es, junto con el de la construcción, el motor de la economía local, está padeciendo los efectos de esta crisis global que ha alcanzado de pleno al segmento golf, colectivo que a duras penas afronta una de las peores recesiones de su historia; al menos hasta donde alcanza nuestra memoria.

A pesar de ello, justo es señalar que dentro de la gravedad de la situación, la época estival ha tenido un comportamiento razonablemente positivo para los campos de golf, con una leve mejoría en los resultados que nos anima a albergar ciertas esperanzas de recuperación a medio plazo, si bien, antes de descorchar el champán y abrir los confetis, conviene detenerse en el análisis de los datos puesto que la lectura admite muchos matices.

En primer lugar, los resultados revelan que las fuertes caídas del primer trimestre comenzaron a moderarse a partir de junio, curiosamente cuando se inicia el período de temporada baja de verano y los precios se suavizan. En segundo término, destacar que este repunte afecta principalmente a los niveles de ocupación; es decir, refleja sólo un incremento en el número de jugadores, mientras que las cifras de ingresos se han mantenido en niveles similares o su descenso ha sido tan leve como para no crear más alarma. Ello quiere decir que la rentabilidad se ha sostenido más o menos en los mismos parámetros que en el verano de 2008, aunque a cambio nuestros campos hayan tenido que soportar un mayor desgaste.

Este desajuste en la relación ocupación/ingresos viene motivado por las agresivas políticas de reducción de precios implementadas de forma casi generalizada. Ante la situación de contracción económica, los campos de golf han optado por bajar sus tarifas y lanzar ofertas agresivas con el propósito de atraer demanda, una decisión que hasta cierto punto tiene justificación si valoramos las difíciles condiciones del mercado. Otro tema de debate sería el cómo y cuándo se realizan estas acciones comerciales y su impacto real sobre el mercado total. En cualquier caso, se puede considerar que el objetivo se ha cumplido parcialmente, aunque los fríos datos estadísticos nos bajen los decibelios de la euforia al reflejar un descenso en la variable “gasto medio por cabeza”. Pero como dice el refranero, más vale tener un mendrugo de pan, que ninguno entero.

En cuanto a las previsiones de futuro para nuestra industria, se confirman los primeros “brotes verdes” de invierno con reservas procedentes del centro y norte de Europa, con un leve incremento de golfistas de emisores tradicionales como Alemania, Holanda, Bélgica, Dinamarca, Noruega, y Finlandia. Del mercado británico seguimos recibiendo señales que constatan su estado de debilidad, y no esperemos recuperación alguna mientras la libra esterlina siga perdiendo valor frente al euro, aunque al menos nos consuela saber que la Costa del Sol sigue siendo su destino predilecto; del emisor irlandés seguimos sin noticias…

Finalmente, el mercado nacional mantiene un comportamiento al alza, sin duda determinado por la tendencia impuesta este año de hacer turismo doméstico.

En definitiva, el período de temporada alta de otoño será clave para determinar los efectos reales de la crisis financiera sobre nuestra principal industria, aunque mucho nos tememos que, en el mejor de los casos, sólo servirán para maquillar los malos resultados que convierten a 2009 en un “annus horribilis” para nuestro sector. Entretanto, aferrémonos a la creencia de que quien con fe sabe esperar, ve al fin la suerte llegar…

Inspirado por la Naturaleza; Tocado por la Historia

Es para mí un placer dirigirme a través de éstas páginas a los lectores de la revista para darles a conocer nuestro magnífico recorrido.

“El campo de los aguacates”, así es como nos conocían al principio, denominación que no era del todo gratuita, pues la finca había prestado su uso anterior al cultivo de este apreciado fruto, tanto es así, que la plantación de aguacates llegó a ser reconocida en su época de máximo esplendor como una de las mayores del continente europeo.

El campo de golf está situado en la zona de Entrerríos, en pleno Parque Natural de la Sierra de Mijas, y prolonga sus 18 hoyos a lo largo de los ríos Ojén y Las Pasadas, aportando al paisaje su extenso manto verde, rico en vegetación y amplia variedad arbórea, aspectos que componen una majestuosa postal, donde la Sierra de Mijas y Sierra Alpujata ofician de testigos de esta maravillosa obra de la naturaleza.

Y es que tener la suerte de poder jugar en un entorno como este resulta ser un auténtico lujo, pues se hace difícil encontrar las palabras adecuadas que expliquen la desbordante belleza que atesora. La puesta en escena entre agua y vegetación a lo largo del recorrido es una manipulación de todos los sentidos; un espectáculo armonioso entre deporte y naturaleza. El sonido del agua es invitador y refrescante y se entrelaza con los aromas de las flores y árboles. Dignos también de ser destacados son los recursos naturales renovables -tanto florísticos como faunísticos-, no en vano, no hemos escatimado esfuerzos a la hora de dotar al campo con todo tipo de vegetación artificial.

Pero no son solo las particularidades medioambientales las que dotan de carácter a este complejo, ya que otro de los aspectos destacables de Santana Golf es que es un campo sin recreación artificial, con lo que se ha logrado mantener el carácter natural de la finca original; además de no estar condicionado por el ladrillo, siendo posiblemente uno de los únicos recorridos donde el golfista tiene la posibilidad de disfrutar de este entorno en su estado puro.

Pero Santana Golf no sólo está inspirado por la naturaleza, sino, como reza nuestro eslogan, también está tocado por la historia, y prueba de ello son los dos vestigios arquitectónicos que se hallan en el Hoyo 4 del recorrido, fiel reflejo del pasado histórico de la zona y de esta región. Y es que cuenta la tradición que durante el Bajo Imperio Romano, y donde ahora se asienta el campo de golf, hubo una población estable dedicada a la explotación de la agricultura y la ganadería, lo que nos anima a creer que ya entonces eran apreciadas por anteriores pobladores las magníficas cualidades de esta tierra fértil y abundante en elemento líquido.

En lo que respecta a los aspectos técnicos del campo del golf, el recorrido en sí es un auténtico deleite para los jugadores de todas las latitudes, como lo acredita el hecho de ser uno de los campos más solicitados por los golfistas de diferentes nacionalidades que visitan Andalucía. No cabe duda de que Cabell B. Robinson, el arquitecto responsable de esta maravilla, ha demostrado con este trabajo ser un diseñador habilidoso, pues ha sabido aprovechar de manera sobresaliente las condiciones orográficas del terreno para transformarlo en un espectacular recorrido con una acertada variedad de hoyos, salpicado de lagos y vegetación autóctona en el que predominan los espacios llanos.

En definitiva, jugar en Santana Golf es hacerlo en un recorrido de primerísimo nivel destinado a hacerse un hueco entre los mejores campos de Europa. Una experiencia que no debe dejar escapar.

Caminar Erguidos

Están llegando muchas noticias relacionadas con la economía y todas tienen el rostro muy severo. A estas alturas de la película, somos conscientes que la desaceleración económica y la recesión del consumo actuales, se suman a los elementos que están determinando la difícil situación por la que atraviesa nuestro ramo, una suma de factores que está dando de lleno en la línea de flotación de muchas empresas y actividades relacionadas con el turismo.

El evidente descenso en el volumen de turistas refleja un perfil no sólo de desaceleración, sino que incorpora elementos claros de crisis. Pero desaceleración o crisis -que son sólo simples disquisiciones semánticas-, en este tipo de situaciones, donde lo fácil es detenerse en las motivaciones de índole instrumental, hay que ir al meollo de la cuestión y buscar el verdadero detonante de este escenario. Y a estas alturas, parece más que evidente que las causas fundamentales tienen su origen en el estado global de la economía, que se halla inmersa en un proceso de enfriamiento generalizado, consecuencia, en gran medida, de la falta de confianza de los consumidores, que intuyen que llega una crisis, se retraen en el consumo y como consecuencia provoca la crisis. Menos confianza = menos consumo; es lo que se conoce como “profecía autorrealizada”.

Las consecuencias directas sobre nuestro sector de turismo se reflejan en un rendimiento muy por debajo de lo habitual por parte de los principales mercados emisores de golfistas. Este dato, en lo que respecta a nuestro segmento, es más acusado por unos factores específicos que nos hacen ser más sensibles a ésta crisis internacional: nuestra clara dependencia del mercado británico, el cual acusa no sólo los rigores de la crisis de financiación, sino también la debilidad de la libra esterlina frente a la moneda europea. Y lo que es peor, todos los datos apuntan a que esta situación no es flor de un día y que vamos a ver dos o tres años de crecimiento muy por debajo del potencial.

Al margen de esto, es preciso decir que nuestra industria dispone de suficientes argumentos para frenar en la medida de lo posible éste proceso, y aunque no pueda evitarse que el crecimiento sea inferior al de otros años de bonanza, sí al menos atenuar en la medida de lo posible estas caídas, si bien se deberá actuar con la debida cautela porque no podemos olvidar que hay factores exógenos (el precio del barril de petróleo o los tipos de interés) que están provocando esta situación de debilidad en los mercados.

Nuestro objetivo ha de estar fijo en recobrar la confianza en una reactivación a corto y medio plazo, presentando un plan que estimule y anime al cliente final hacia nuestro destino. Que quede claro que adoptar medidas no significa necesariamente que haya que fundamentar esta estrategia sobre la base de bajar los precios, sino de mantener un equilibrio justo entre lo que ofertamos y su valor real. Ahora más que nunca debemos creer en nuestras posibilidades y no ser sólo una mera referencia, sino un referente de calidad.

En definitiva, aunque el viento sople en contra con fuerza, debemos tener fe en nuestras posibilidades y caminar erguidos.

La Ruleta Rusa

Llevo tiempo queriendo dedicar una columna a esta cuestión, pero hasta ahora no he encontrado la oportunidad adecuada para ello. Me refiero concretamente al capítulo de la intermediación turística, o como se denomina en el argot profesional “tour operadores de golf”.

Los que me conocen o han leído mis artículos y alguna que otra entrevista publicada, saben mi postura sobre este asunto, y es que creo que la cadena de intermediarios de golf en Andalucía, y muy especialmente en la Costa del Sol, es un auténtico dislate, debido a la falta de criterio serio por parte de los campos a la hora de seleccionar candidatos, y quizás ya va siendo hora de que se aborde este asunto desde una posición responsable.

Para empezar con mi exposición, nada mejor que hacerlo con espíritu de autocrítica: Llamamos equivocadamente tour operador a cualquier individuo que traiga un par de reservas bajo el brazo, sin detenernos a comprobar que esté facultado o no para ejercer esta actividad. Es como si el hecho de disponer del carnet de conducir y poseer vehículo propio con la documentación en regla, nos autorizara al transporte de pasajeros con fines lucrativos. Evidentemente, ello no es posible puesto que para poder ejercer esta función, se necesitarían los permisos pertinentes que estipula la ley.

Y como es ahí precisamente donde reside la raíz del problema, nada mejor que definir la naturaleza de esta actividad turística y su papel en el sector:

Los Intermediarios Turísticos de Golf lo conforman el grupo de tour operadores o mayoristas, agencias de viajes o minoristas y demás agentes de golf, que están sometidos al control administrativo mediante la reglamentación vigente, debiendo cumplir con las obligaciones y responsabilidades establecidas en el régimen jurídico de cada país en lo referente a la constitución válida de la sociedad, así como las obligaciones generales en materia de defensa de los consumidores y usuarios, siendo condición sine qua non para poder desarrollar esta actividad de intermediación estar en posesión del título o licencia acreditativa. (En el caso andaluz, la normativa viene recogida en el Decreto 301/2002, de 17 de Diciembre, de Agencias de Viajes y Centrales de Reservas).

La actuación en los procesos de asesoramiento, mediación y producción constituye la base fundamental de su gestión, facetas todas ellas encaminadas a proporcionar un vínculo de valor entre la oferta turística y la demanda potencial lejos del lugar en el que se suministra el servicio. Para cumplir con esta tarea, las empresas deben tener la capacidad de representar a los campos de golf en un ámbito geográfico superior al que éstos puedan abarcar por sí mismos, aportando como principal aval sus “esferas de especialización”; es decir, la eficacia de éstas compañías para llegar a los mercados objetivos a través de sus contactos, experiencia y acciones comerciales.

Aclarado este punto, vaya por delante que el origen de este conflicto viene de lejos, -lo que da una idea de que el problema es originario y no sobrevenido-, lo cual no sirve de excusa para que aún en el contexto actual se siga manteniendo esta actitud de dejadez e indolencia, al tiempo que seguimos proyectando al exterior la idea de que “no nos importa hacia dónde vamos, sino lo bien que nos lo estamos pasando durante el camino”, sin detenernos a reflexionar sobre las inevitables consecuencias de tan desacertada filosofía, que puede terminar por quebrar definitivamente el círculo de confianza entre los verdaderos tour operadores y los campos de golf.

Si somos conscientes que las actividades de intermediación turísticas son de un valor incalculable, y que forman parte de la médula espinal de nuestro sector, hagamos entre todos un esfuerzo por solucionar este galimatías, y dejemos de jugar a la ruleta rusa. Aunque pueda parecer lo contrario, no creo que éste sea un debate complejo, sino más bien una cuestión que requiere decisión, determinación y altura ética, puesto que los mecanismos para verificar de forma permanente la estricta correspondencia entre la realidad y su reflejo administrativo ya están establecidos.

Señales

Ante la llegada del nuevo año, el mundo del golf contiene la respiración en unos momentos que se podrían describir como de “gran incertidumbre”. A falta de datos precisos, los gestores interpretamos señales, e interpretamos como señal de que tenemos un problema serio, el frío y desangelado clima de reservas que se viene registrando en los últimos meses. Si bien durante el pasado año las peticiones para el 2008 llevaban un ritmo de crecimiento muy esperanzador que hacía presagiar un leve repunte que rompía con la tónica de ejercicios anteriores, el mes de Agosto trajo bajo el brazo la mala noticia de la denominada “crisis de las hipotecas”, con consecuencias negativas para los bolsillos de muchas economías europeas, incluyendo la de los británicos. Y no es necesario recordar que cualquier situación que afecte a nuestros compatriotas europeos de las islas, puede tener una repercusión importante sobre nuestra industria turística, no en vano, el Reino Unido representa el primer mercado emisor de turistas hacia Andalucía, por lo que se hace difícil aventurar las consecuencias que pueda tener sobre nuestro sector en el corto y medio plazos.

Es evidente que para conocer con precisión el alcance de la crisis financiera, tenemos que saber la anchura y profundidad del agujero que esta situación ha provocado en nuestros bolsillos y, para ello, dejemos que los expertos en macroeconomía opinen sobre esta cuestión. Ellos, y nada más que ellos, esconden bajo la manga de su sabiduría y experiencia en estas lides, las soluciones a una situación que escapa al conocimiento de la mayoría de los mortales. De momento, lo único que sabemos es que estas convulsiones del mercado del crédito están provocando nerviosismo y desconfianza, y sólo cabe esperar que los negros nubarrones que se atisban sobre nuestras cabezas sean sólo una borrasca pasajera y no el presagio de un gran temporal.

Mientras tanto, y en lo que nos toca, el panorama para el futuro más inmediato presenta un cuadro donde el descenso en la demanda, unido a la mayor oferta de campos y la incertidumbre en la economía mundial derivada de la crisis de liquidez, ha propiciado una mayor disponibilidad de horarios de salidas y la congelación del precio de los green fees. Por defecto, se da la circunstancia de que ya no se produce algo tan molesto para los jugadores como es la masificación de los campos y, de rebote, tres consecuencias directas de signo favorable: las mejores condiciones de los campos debido al menor desgaste, el ritmo fluido del juego y, finalmente, la mejor y mayor atención de los empleados hacia los clientes ante la menor presión de trabajo. La consecuencia de todo ello es un cliente más satisfecho después de su visita.

Sabemos que son sólo señales, pero al menos apacigüemos nuestra zozobra con estos apuntes y no olvidemos que el rico refranero español nos recuerda que “no hay mal que por bien no venga”.

Menor Demanda

Mayor Oferta Campos Congelación Precio Green Fees

Incertidumbre Económica

Cliente Más Satisfecho

Menos Masificación

Ritmo Fluido del Juego

Mayor Disponibilidad de Salidas Mejores Condiciones del Campo

Mejor Trato